Las empresas han desarrollado programas de sensibilización creativa con orientaciones excesivamente ENDOGAMICAS, egoístas y con ausencia de amplitud de aplicación. Es decir, una aplicación orientada a producir resultados (generalmente económicos) para la empresa.

El empleado siente y percibe esta injusticia y valoraría mucho más una creatividad que sea más holística e integradora, una creatividad aplicable e incluyente de su familia, de sus hobbies, de su…todo. Se siente utilizado. Se siente fragmentado. Se siente incompleto.

Es aceptable pensar que la empresa paga para que se trabaje para la empresa. Ese pensamiento de la ortodoxia empresaria falleció hace un buen tiempo. Las personas además de querer recibir su paga, quieren seguir siendo personas y quieren sentir que se preocupan por ellas. Si no hay una implicancia total del sujeto la creatividad se rebela, se esconde.

Se trata de inculcar una creatividad GLOBAL de la cual los beneficios de la empresa son importantes pero son parte de un todo más abarcativo, de un todo más humano. En esta dirección, el momento de creatividad aplicada a la empresaria cobraría más vuelo, liberaría sus alas. Así, la utilización utilitaria (la redundancia es intencional) de las técnicas de creatividad puede devenir en solo provocaciones de las llamadas barreras emocionales que provocan barreras de aprendizaje, un filtro emocional que rechaza la tarea (o no logra despertar la pasión necesaria). A diferencia de la entrega y el esfuerzo, la pasión no puede forzarse. Por eso la pasión hace más que las dos anteriores juntas.

La mano de obra del siglo XXI es el pensamiento creativo. La creatividad de las organizaciones se sostiene sosteniendo la creatividad de las personas. Una obviedad que pasa de largo bien seguido ¿verdad?

(Extraído de “El Pensamiento en Montaña Rusa, Creatividad en Tiempos sin tiempo”, Editorial V&R, 2015)

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