La creatividad es sentirse a gusto en la ambigüedad de estímulos a incubar (no saber cuál será el que combine originalmente para el eureka); en la incertidumbre temporal (no saber cuando aparecerá el eureka), en el desconocimiento espacial (no saber donde se producirá el eureka), en la incertidumbre relacional (no saber con quien se producirá el eureka) es sentirse más a gusto en el desorden y la incertidumbre. Y sentirse a gusto en esa especie de caos en evitar caer en la trampa de la clausura cognitiva. Es evidente que, a menor necesidad de clausura cognitiva, mayor libertad creativa.

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Ambigüedad es, por definición, lo que puede entenderse de más de una manera. Entonces, una regla cabe aquí. Contraponer a la “clausura cognitiva” la “amplificación de ambigüedad ejercitada”. Es decir, cultivar el arte de agregar ambigüedad a lo (por imperativo de la tradición, del uso, del pensamiento dominante o de lo que sea) aceptado de manera univoca.

Bajo esta mirada Montaña Rusa, el uso de la ambigüedad intencionada es fuente de creatividad, porque agrega nuevos sentidos al sentido original y no discutido. Se trata de pensar contrario a la ortodoxia. Normalmente la ambigüedad está para ser diluida. En Montaña Rusa la ambigüedad esta para ser extendida. En todo caso, se trata de crear ambigüedad para generar disparadores para finalmente condensarla en una idea.

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Tradicionalmente la eliminación de la ambigüedad proporciona sensación de control y estabilidad. Pues se trata de todo lo contrario, de volver inestable lo estable, de perder el control de lo controlado porque en esa ruptura del orden tradicional sobrevuela lo nuevo.